Sacra doctrina llama muy bien Santo Tomás a la Sagrada Escritura y, por consiguiente, a la Tecnología, que de ella toma sus principios, ordenandolos sistemáticamente y desarrollándo los y considerando cuanto trabajo la razón formal de la divinidad, sub ratione Deitatis, pues es Dios mismo, o algo a Él ordenado como principio o como fin, y siempre visto a la luz de la divina revelación y en cuanto a ella cognoscible. Esta luz es el lumen propheticum, pues no ha querido Dios revelarse inmediatamente a todos y cada uno de los hombres, sino a algunos solamente, que, como intermediarios entre Dios y el resto de los humanos, recibiese de El las divinas enseñanzas y en su nombre y con su divina autoridad las transmitirse a los demás.
Dijo Yavé a Abram: “Salte de tu tierra,
De tu parentela,
De la casa de tu padre,
Para la tierra que yo te indicaré;
Yo te haré un gran pueblo,
Te bendeciré y engrandeceré tu nombre,
Que será una bendición.
Y bendeciré a los que te bendigan.
Y maldecire a los que te maldigan. Y serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra. «Las palabras de Dios a Abram contienen un mandato y una promesa, uno y otra dados en Ur Casdim (Act 7,3). La promesa que repite en términos casi idénticos, tres veces al mismo Abram, y después a Isaac y a Jacob. Promete Dios a Abram darle la tierra de Canaán, a él y a su descendencia; esto si bien aquí está solo indicado, se halla luego terminantemente en las promesas siguientes (13,14 SS.): multiplicar su descendencia, hasta hacerla una gran nacion; engrándecerle y darle por fuente de bendición para todas las naciones de la tierra. La razón de todas estas bendiciones es el Mesías, que de Abram descenderá.
Se pondera la fe y obediencia de Abram en dejar a los suyos para ir a un país lejano y desconocido, confiado solo en la palabra y protección de Dios.
Fuese Abram conforme le había dicho Yavé, llevando consigo a Lot. Al salir de Jarán, era Abram de setenta y cinco años.
Tomó, pues, Abram a Sarai, su mujer, y a Lot, su sobrino y toda su familia y la hacienda y ganados que en Jarán había adquirido. Salieron para dirigirse a la tierra de Canaán, y llegaron a ella.
Penetró en ella Abram hasta el lugar de Siquem, hasta el encinar de Moreh. Entonces estaban los cananeos en la tierra. «Siquem había de ser memorable en la historia de sus descendientes. El encinar de Moreh está cercano a Siquem, donde el patriarca fijo su campo, y es mencionado en Dt 11, 30. Los cananeos habían llegado al país antes que Abram; la promesa divina implicaba así mayor dificultad».
Y se le dijo apareció Yavé a Abram, y le dijo: “A tu descendencia daré yo esta tierra". Alzó allí un altar a Yavé, que se le había aparecido, «Estos sitios de apariciones divinas vienen hacer lugares sagrados para el patriarca, como luego lo serán por sus descendientes (Ex 20,24.)». y saliendo hacia el monte que está frente a betel, asentó allí sus tiendas, teniendo a betel al occidente y a Hai al oriente, y alzó allí un altar a Yavé, e invoco el nombre de Yavé.
Bajada de Abram a Egipto
Levantó Abram sus tiendas para ir al Negueb; a pero hubo hambre en aquella tierra, y bajó a Egipto para peregrinar allí, por haber en aquella tierra gran escasez. «Egipto, a causa de su fertilidad y del distinto régimen climatológico, fue siempre el refugio de Palestina en tiempos de cárestia, y más para los nómadas, que con mayor facilidad se mueven».
Cuando ya estaba proximo para entrar a Egipto, dijo a Sarai, su mujer: "Mira que se que eres una mujer hermosa, y cuando te vean los egipcios dirán: " Es su mujer", y me mataran a mí y a ti te dejarán la vida: «Como nómada y extranjero teme la liviandad de los civilizados egipcios y toma precauciones» di, pues, te lo ruego, que eres mi hermana, para que así me traten bien por ti, y por amor de ti salve yo mi vida". «Segun Gen 20,12, Abram y Sara eran hermanos de padre, lo que no era en muchos pueblos antiguos impedimento del matrimonio. En Israel mismo, a pesar de la Ley ( Lev 18,9.II ; Dt 27, 22), tal vez no se consideraban tales matrimonios como ilícitos, a juzgar por las palabras de Tamara s su hermano Amnón (2 Sam 13,13).
La medida no evitaba el peligro del adulterio. Para evitarlo, sin duda que el patriarca ponía su confianza en Dios ( San Agustín, Contra Faustum, XXII, 37).
Cuando, pues, hubo entrado Abram en Egipto, vieron los egipcios que su mujer era muy hermosa; y viendola los jefes del Faraón, Sela alabaron mucho, y la mujer fue llamada al palacio del Faraón.
A Abram le trataron muy bien por amor de ella, y tuvo ovejas, ganados y asnos, siervos y siervas, asnos y camellos.
Pero Yavé afligio con grandes plagas al Faraón y a su casa por Sarai, la mujer de Abram; «No se nos dice en qué consistían estás plagas; pero ellas fueron tales, que hicieron al Faraón entrar dentro de si el informarse mejor de la condición de la mujer que habían tomado. Así brilla la protección de Yavé sobre el patriarca». y llamando el Faraón a Abram, le dijo: "¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué no me distes a saber que era tu mujer?
¿Por qué dijiste: es mi hermana, dando lugar a que la tomase yo por mujer? Ahora, pues, ahí tienes a tu mujer, tómala y vete".
Y dio el Faraón órdenes acerca de él y a sus hombres, y estos le condujeron a él a sus hombres, y estos le condujeron a él y a su mujer con todo cuanto era suyo.