Al amanecer los ángeles apuraron a Lot diciéndole: «Date prisa, toma a tu esposa y a tus dos hijas y márchate, no sea que te alcance el castigo de esta ciudad.» Y como él aún vacilase, lo tomaron de la mano, junto a su mujer y a sus dos hijas, porque Yavé había tenido compasión de ellos, y lo llevaron fuera de la ciudad. Una vez fuera, le dijeron: «Ponte a salvo. Por tu vida, no mires hacia atrás ni te detengas en parte alguna de esta llanura, sino que huye a la montaña para que no perezcas.» Pero Lot replicó: «¡Oh, no, Señor mío! Veo que me has hecho un gran favor y que has sido muy bueno conmigo conservándome la vida. Pero yo no puedo llegar hasta la montaña sin que me alcance el desastre y la muerte. Mira este pueblito que está más cerca y en el que podría refugiarme. Es tan pequeño, y para mí es cosa de vida o muerte, ¿no podría estar a salvo allí?» El otro respondió: «También este favor te lo concedo, y no destruiré ese pueblo del que has hablado.
Pero huye rápidamente, ya que no puedo hacer nada hasta que tú no hayas llegado allá. (Por esto aquel pueblo fue llamado Zoar, o sea, Pequeño. » " Segor o Zoar se hallaba a la falda del monte y duro hasta los tiempos modernos. En ella se producían los mejores dátiles de Canán."
"El sol ya había salido cuando Lot entró en Zoar. Entonces Yahvé hizo llover del cielo sobre Sodoma y Gomorra azufre ardiendo que venía de Yahvé, y que destruyó completamente estas ciudades y toda la llanura con todos sus habitantes y la vegetación.
La mujer de Lot miró hacia atrás, y quedó convertida en una estatua de sal." "Contra la advertencia del v.17, se entretuvo en mirar y le alcanzo la catástrofe, dejándola convertida en un pilar de sal, como los que siempre se han mostrado en la región del mar Muerto, en el monte de la Sal. La mujer de Lot es representada en Sab 10,7 como el tipo de la persona descuidada (cf. Lc 17, 32).
Abrahán se levantó muy de madrugada y fue al lugar donde antes había estado con Yahvé. Miró hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la comarca del valle y vio una gran humareda que subía de la tierra, semejante a la humareda de un horno. Cuando Dios destruyó las ciudades de la llanura, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la catástrofe, mientras arrasaba las ciudades donde Lot había vivido.